LA IA ES ADICTIVA
Por el título de esta entrada, supongo que estás pensando que voy a hablar del AI slop o de ese tipo en tu oficina que le pregunta todo a ChatGPT (hasta si su esposa lo está engañando).
Ese es básicamente el típico drogadicto de la IA: alguien cuya vida entera gira en torno a esta nueva «mercancía». La gente está perdiendo la capacidad de buscar o pensar por sí misma, bla bla bla. Lo mismo contado por milésima vez.
Lo que quiero abordar en esta entrada es al Adicto Funcional a la IA, porque creo que soy uno de ellos. Es muy probable que vaya a revisar esto con ChatGPT.
O sea, el inglés no es mi primer idioma y estoy escribiendo esto en inglés mientras pienso, así que tiene todo el sentido que lo use, ¿cierto?
Sí. Eso es negar y racionalizar, sin duda.
Escribí una tesis de magíster completa sin IA, así que ¿cómo no voy a poder hacer lo mismo con un texto que ni siquiera tiene una sexta parte de esa extensión?
Entonces, ¿a qué soy adicto? ¿Qué creo que está haciendo la IA por mí?
Primero, creo que la IA va a hacer que esta entrada del blog sea «mejor».
¿Según qué criterios? Ni idea.
Algo también me dice que, en términos de productividad, va a acelerar mi proceso de reescritura. Lo que probablemente es cierto. Pero después viene la segunda parte.
Me gusta cuando me entrega información o conceptos que no había pensado que fueran relevantes para el texto. Me encanta cuando agrega frases que no se me habían ocurrido. Se siente tan bien. Quiero —necesito— esa rica, rica salsa antrópica cargada de algoritmos.
Porque me viene tan bien.
Puedo ver que la IA hace que el trabajo de otras personas sea una mierda, ¿pero el mío? El mío simplemente se vuelve «mejor».
Claro.
Tercero y último: la conversación.
¿Te acuerdas de la primera vez que viste a tu amigo programando o mezclando música y quisiste intentarlo también?
Entonces los dos hablaban de programación o de mezclar música. Le hacías preguntas. Le mostrabas lo que habías entendido, te corregía, no estabas de acuerdo, te lo explicaba de nuevo.
De ida y vuelta, de ida y vuelta.
Eso es lo principal de la IA para mí.
Te hace sentir que estás teniendo una conversación real con alguien extremadamente amable, receptivo y paciente.
Puedes llevarle una idea a medias y se la va a tomar en serio. Puedes preguntar lo mismo otra vez. Puedes obsesionarte con un detalle mínimo que a nadie más le importa una mierda. No se cansa. No se aburre. No tiene que estar en otro lado.
Tú piensas, responde.
Tú dudas, te tranquiliza.
Tú escribes, evalúa.
Te da curiosidad, sigue.
Quizás esa es la verdadera mercancía.
La inteligencia no.
La capacidad de responder.
Y probablemente va a volverse mejor en eso.
O peor.
Ya sabes que voy a mandarle esto a ChatGPT para ver qué «piensa» al respecto.